Reseña de ‘Cauterio’, de Lucía Lijtmaer

Una reseña de Lorena Cabrera, librera de Luces

Las protagonistas de Cauterio son dos mujeres, una del siglo XVI y otra de principios del XXI, que, fruto de sus tiempos y sus espacios, se rebelan contra sus circunstancias por resultarles sofocantes, indignas. Una, atrapada en una alteración mental fruto de una ruptura, parece navegar al borde de la psicosis. Otra, empezando su vida de cero en la mediana edad y sin recursos, se rehace en un continente nuevo lleno de posibilidades y promesas de libertad. Pero el trayecto que recorrerán ambas resultará fatigoso y sangrante.

A lo largo del libro subyace la idea de usurpación, de robo. Ambos personajes parecen reclamar que les sea devuelto lo suyo, como si hubieran sufrido un saqueo nocturno que las ha dejado expuestas, a merced de los elementos. Y una idea que me parece importante en el libro es precisamente eso, la importancia de lo que una tiene, la importancia de que no se lo quiten.

Las mujeres no tenemos una relación directa y sencilla con la posesión. Culturalmente los hombres poseen, en todos los aspectos de la palabra, y la mujer se debe a algo o alguien más, a su marido, su familia, una ideología, un dios… (es la sublimación, a la que hace mención una de las protagonistas observando aviones sobre Barcelona e imaginándolos caer). La mujer no posee porque en el momento en el que una mujer posee, ha de ser desposeída. Lucía Litjmaer creo que pretende traernos hasta aquí, hasta hacernos entender que el empoderamiento no es sentirte guapa tal y como eres, o tener un carácter fuerte y no dejarte callar, o al menos no es eso solo. El empoderamiento debería ser también eso, poder. Y el poder viene del tener, y el poder deviene en libertad.

Considerando esto, ambas mujeres hacen un viaje hacia la búsqueda de lo propio. Podríamos decir que La habitación propia de Virginia Woolf se quedaría corta. En esta novela, Deborah Moody y la mujer barcelonesa recorren sus vidas casi de prestado, en alguna clase de huida, en una lucha por mantenerse firmes o al menos no caer, hasta que dan con el territorio propio. La mujer barcelonesa se libera de su prisión de calles llenas de recuerdos de la Barcelona de principios de este siglo y además reniega de carecer de espacio propio en Madrid. Deborah Moody se marcha y dibuja el mapa de su ciudad, una ciudad propia, trazando líneas en la tierra que posee. Se desprenden también ambas protagonistas de la amenaza de ser llamadas locas, herejes, pecadoras, histéricas: entran de lleno a aniquilar aquello con lo que se les amenaza, matan para no temer al pecado, firman el pacto a través del cual ya se han perdido y con ello se ganan a sí mismas, sus espacios, miran lo que les viene de frente.

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