En el Club de lectura feminista El ojo de Astarté, que nace de la colaboración entre Librería Luces y la Biblioteca Cánovas del Castillo, uno de los objetivos que perseguimos es compartir.

Compartimos no solo la lectura de cada mes, sino también maneras de mirar y experiencias literarias y vitales que al ponerse en común se amplían y hacen nuestro mundo más complejo y lleno de matices. Lo hacemos, además, reivindicando las voces y miradas de las mujeres.

Por eso este 13 de octubre en el que celebramos el Día internacional de las Escritoras queremos compartir las obras y escritoras que han sido importantes para nosotras y recomendarlas, teniendo en mente que la mejor manera de rendir tributo a estas mujeres es difundiendo su obra y, por supuesto, leyéndolas.

Algunas de estas lecturas las podréis encontrar en Librería Luces y también podéis conseguirlas en la biblioteca (os dejo enlace al final del post).

Ahí van nuestras recomendaciones:

Sara: La ridícula idea de no volver a verte de Rosa Montero.

Carolina Capria sostiene en Maestre que las escritoras dejan mensajes secretos en sus libros, dirigidos a las lectoras, como parte de una hermandad no explícita pero sentida, un deber íntimo al que no puedes negarte. Y creo que esto se cumple de manera especial en el caso de Rosa Montero.

Esta escritora, periodista y mujer extraordinaria me fascinó con La ridícula idea de no volver a verte, el primer libro suyo que leí y que pronto se convirtió en una de mis obras favoritas. En él, Montero parte del diario que Marie Curie escribió tras la muerte de su marido para reflexionar sobre su propia vida y su experiencia del duelo. Es un texto profundo, cargado de temas densos, pero escrito con una pluma ligera y humorística que permite al lector atravesar el dolor casi sin notarlo. Mientras lo lees lo puedes entrever, pero solo al final del libro te das realmente cuenta del inmenso regalo que te acaba de hacer Rosa Montero.

Además, todo el libro late con un pulso feminista, un hilo que une a Curie con nosotras, con todas las mujeres invisibilizadas. Montero lo resume en frases que se quedan grabadas:

“Las mujeres hemos sido educadas para la entrega. Y a veces hay que aprender a dejar de darlo todo.”

“Las mujeres que se atreven a ser ellas mismas suelen pagar un precio altísimo.”

“El patriarcado no sólo está fuera: lo llevamos dentro, incrustado en la mirada con la que nos juzgamos.”

La ridícula idea de no volver a verte es, para mí, una pequeña joya. Llegó en el momento justo, como esos libros que parecen esperarte. Y me hizo sentir esa complicidad secreta de la que habla Capria: una hermandad invisible que Rosa Montero transmite con una naturalidad que te toca y te transforma.


Lina: El despertar de Kate Chopin.

En El despertar de Kate Chopin, Edna Pontellier se atreve a escuchar el rumor secreto de su deseo. Ese gesto es ya un movimiento platónico: apartar la mirada de las sombras y volverse hacia la luz. Pero, a diferencia del prisionero de la caverna, Edna no encuentra una comunidad que la acoja en la claridad. Lo que halla es un sol demasiado fuerte, una verdad que no admite reconciliación con la vida que le han asignado.

Julio Medem plantea un dilema parecido en sus películas. En Los amantes del Círculo Polar, Ana y Otto descubren que amar es vivir bajo la lógica del destino, como si el universo girara en círculos para reunirlos. En Lucía y el sexo, la isla y los cuerpos funcionan como escritura viva, un relato que se reescribe con cada encuentro. En ambos casos, el amor abre una grieta en lo real, como en Chopin.

Pero mientras Medem regala la posibilidad del círculo o de la narración —espacios donde el deseo puede hallar sentido—, Edna se encuentra ante un vacío: su despertar no conduce a otra historia, sino a un final irreversible. Y sin embargo, en esa brazada última hacia el mar, Edna dialoga con Dylan Thomas: “rage, rage against the dying of the light”. Ella no entra dócilmente en la buena noche. Rechaza la muerte en vida que sería obedecer sin fisuras; elige otra forma de rebelión, más silenciosa pero igualmente radical.

Así, Chopin, Medem, Platón y Thomas convergen en un mismo territorio: el deseo como vía de conocimiento, el tiempo como círculo o condena, la libertad como riesgo de perderlo todo. La diferencia está en el desenlace: Platón promete la luz, Medem la reinvención, Thomas la furia contra la oscuridad. Chopin, en cambio, nos deja con una mujer sola, fundiéndose en el mar como en un mito personal. Su despertar no abre camino hacia la vida, sino hacia el misterio.

Celia: Frankenstein de Mary Shelley.

Para mí, Frankenstein es una lectura imprescindible. Además de ser una de las primeras novelas de género fantástico y ciencia ficción, y el mérito de haber perdurado como un clásico literario, a todos nos suena la historia, aunque sea un poco, porque aún sin haberla leído, hemos tenido referencias, o hemos visto al monstruo en el cine, en series, en cómics, e interpretaciones diversas, aunque creo que es imposible que sus adaptaciones puedan siquiera equipararse al libro.

Pero aparte de recomendar esta obra, el principal motivo de escoger a Mary Shelley, es que en su momento, Frankenstein se publicó como anónimo, y todavía se discute que sea obra suya. En el momento que descubrí que existía ese «debate» académico sobre la autoría, me recordó la frase de Virginia Woolf «anónimo era una mujer». Pero también me sorprendió que 200 años más tarde, en una sociedad muy diferente en muchos sentidos, haya quien sigue defendiendo que no es posible que Mary Shelley sea realmente la autora y que ha sido su esposo o su padre, algo que seguramente nadie pondría en duda si hubiera sido otro género literario, más acorde con lo que se espera de una escritora de esa época.

Por eso, creo que es un buen día para recordarla y que si todavía falta alguien por leerla, le dé una oportunidad.

Pablo: “Doble esplendor” de Constancia de la Mora.

La obra no se queda en el bellísimo título ni en la crucial circunstancia de haberlo escrito el año que se terminó la llamada Guerra Civil la diestra directora de la Oficina de Prensa Extranjera de la República Española.Va más allá: una escritura nerviosa con unos contenidos necesarios y hasta con apuntes sobre la Costa del Sol. La magistral Connie.

Beatriz: Nada de Carmen Laforet.

Quiero poner en valor a Carmen Laforet porque, sin ser mi escritora favorita, su obra Nada me marcó positivamente cuando la leí.

Obra adelantada a su tiempo, relata el proceso de maduración y búsqueda de identidad de una chica con ansias de libertad. Se desarrolla en la postguerra española, en un ambiente familiar igualmente hostil y asfixiante en contraste con sus experiencias universitarias que la acercan a sus deseos de emancipación.

Nada, obra con importante reconocimiento en su momento, ganadora del premio Nadal en 1944, confirmó a Laforet como una de las escritoras más relevantes de la literatura española del siglo XX.

Isa: Como vaya yo y lo encuentre de Mar Gallego.

Para los que estudiamos con La Regenta, a much@s de l@s cuáles nos hicieron creer que la cultura andaluza es sinónimo de incultura, que hubo una Reconquista, que hablar andaluz es hablar mal y que la mujer rural andaluza sostiene el machismo imperante en nuestra tierra, llegar al blog de Mar Gallego es un bálsamo.Hace algunos años, una especie de nacionalismo andaluz desconocido, afloró en mi tras el documental Las llaves de la memoria de Jesús Armesto y el libro La huella morisca de Antonio Manuel. Será una idiotez, pero pensé, “para bordarlo, ambos tendrían que ser mujer”. Poco después, Mar llenó ese anhelo. Vaya que si lo llenó. Para mí significó la mejor legitimación de la cultura andaluza desde el feminismo y desde lo rural. Un alegato por visibilizar la memoria perdida de una Andalucía forjada en la escasez y la pobreza; por hacer de los cuidados y del apoyo una categoría propia y no lo que queda cuando nos cuentan y nos contamos desde fuera; un manifiesto por relatarnos en el fracaso con el mismo orgullo que el capitalismo patriarcal relata el éxito. El libro Como vaya yo y lo encuentre. Feminismo andaluz y otras prendas que tú no veías, lleva el mismo nombre que su proyecto online, y en mi opinión debería leerse y analizarse en los institutos públicos andaluces, pero supongo que Clarín sigue teniendo un contexto más interesante.

Libros

Fede: El arraigo de Simone Weil

Hay escritoras que uno lee para entender el mundo, y otras que lo desordenan de tal modo que ya no puede volver a verse igual. Simone Weil pertenece a esta segunda estirpe. No se la lee impunemente, ni se sale indemne. Todo en ella tiene la intensidad de quien escribe con el cuerpo entero, como si pensar fuera un acto físico y la verdad una forma de hambre.Weil es excepcional porque convirtió la inteligencia en una forma de amor.

En un tiempo que idolatraba la acción, ella descubrió la fuerza del vacío. “El deseo es la presencia de lo ausente”, escribió, y en esa frase se condensa toda su visión del mundo: el alma humana como un espacio tensado entre la sed y el silencio, entre lo que anhelamos y lo que nunca llega. Leerla es entrar en ese territorio donde el deseo deja de ser carencia para convertirse en atención pura, en espera activa.

La lectura de L’Enracinement, me afectó muchísimo: “El arraigo es la necesidad más importante y más desconocida del alma humana.” Frente a un mundo que exalta la movilidad y la dispersión, Weil reivindica la permanencia, el vínculo, la pertenencia silenciosa a un lugar y a una comunidad. No por nostalgia, sino por lucidez: sabe que la desposesión espiritual precede siempre a la material. Como emigrante, hijo, nieto y biznieto de emigrantes, está idea le puso nombre al desconsuelo que siempre he sentido.

La escritura de Weil es difícil de clasificar: filosófica y poética, racional y visionaria, en la que cabe todo: la mística, la política, la compasión y la rebelión. Nos recuerda que el pensamiento no debería protegernos del dolor, sino conducirnos hacia él. Que comprender no es dominar, sino escuchar.Yo leo a Simone Weil en busca de orientación más que de respuesta. Hay algo en su modo de pensar que desarma, porque no ofrece refugio: obliga a mirar de frente lo insoportable y a reconocer en el deseo una forma de arraigo. Cada vez que vuelvo a sus palabras, siento que me coloca en un umbral entre lo humano y lo sagrado, entre la atención y la entrega. Es una lectura que exige, pero también purifica. Weil me enseña una y otra vez que leer no es acumular ideas, es aprender a mirar sin apropiarse. Y que, a veces, la única manera de comprender el mundo es dejar que duela.

Lorena: El corazón es un cazador solitario de Carson McCullers.

Cuando Carson McCullers escribió El corazón es un cazador solitario solo tenía 23 años. Era su primera novela. En ella descargó toda la delicadeza, la sensibilidad y la melancolía que se reconoce en el resto de su obra pero con una maestría y una intensidad inusitadas, como si toda la potencia literaria de McCullers se hubiera volcado en esa primera obra de juventud que personalmente considero una de las mejores novelas de la literatura contemporánea.

En ella, John Singer, una persona sorda llena de melancolía por la ausencia de un amigo, es el nexo de unión de unos personajes que vuelcan en él sus confesiones, sus desesperanzas y buscan consuelo a su soledad. La autora, con una capacidad insólita para recrear con ternura unos personajes anhelantes, vivos pero también prematuramente derrotados, genera una historia de sutilezas poéticas y tragedias silenciosas que perduran en el corazón del lector, también cazador; también, en ocasiones, solitario.

Para mí McCullers fue un descubrimiento, una fascinación, y tanto su obra como ella misma, con su mirada dulce y su aparente debilidad, e hicieron sorprenderme pensando en el poder de la ternura, aunque a veces venga de la honda tristeza, y en la potencia de compartir para entendernos, aunque a veces no lo consigamos.

Ana Dafne: Ética para Celia de Ana de Miguel

Ana de Miguel logra en Ética para Celia convertir la filosofía en una conversación clara y cercana. Bajo la forma de una carta a una joven, el libro ofrece una mirada lúcida sobre cómo vivir con conciencia en un mundo que confunde libertad con consumo y empoderamiento con apariencia.

Con un lenguaje accesible y una profundidad serena, Ana revela cómo el patriarcado sigue moldeando nuestra manera de pensar y de juzgarnos, pero lo hace desde la esperanza: invita a construir una libertad real, nacida del pensamiento crítico y del autocuidado.

Su lectura supone una sacudida intelectual incluso para quienes ya nos reconocemos feministas. Ética para Celia no adoctrina, sino que amplía la mirada, cuestiona lo que parecía evidente y hace visible lo invisible.

Para mí, transformó mi manera de entender el mundo y de reflexionar sobre mi vida, convirtiéndose en un imprescindible sobre feminismo contemporáneo. Ética para Celia ilumina sin imponer y enseña, con suavidad, a mirar de nuevo.

Acceso al catálogo de la Biblioteca Cánovas del Castillo:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *