Muestra de los libros a la venta en las casetas de Librería Luces en la Feria del Libro de Málaga.

Las ferias del libro

Escrito por Chelo Muñoz Lendínez, alumna del taller de escritura de Kreadores.

Hace poco leí que el hábito de leer libros no tiene nada que ver con el vicio de
comprarlos. No pude evitar dar una gran carcajada silenciosa, de esas que
surgen cuando estamos solos, como si la expresión de la risa solo tuviera
sentido si hay un público que la oye.


Hoy, en vísperas de la feria del libro, al recordarlo, aún se me dibuja la
sonrisa.


Pertenezco al club de los que atesoramos libros de los que solo hemos
leído la primera página. A veces nos da la tentación de continuar alguno, pero
razonamos: “No, primero voy a terminar el que tengo entre manos” y volvemos
a colocarlos en la estantería. Otras, cuando vamos por la mitad llega uno nuevo
a sorprendernos, más audaz, y dejamos el que leíamos en la mesilla de noche
en espera. Si nos descuidamos, diez finales estarán esperando su turno,
cuando encendamos la lamparilla del dormitorio.


Se que no voy a vivir lo suficiente para leer todo lo que compré. El vicio
de comprar es más rápido que el hábito de leer.


No me importa. Tener una estantería de libros no leídos. Es como tener
un cofre del tesoro que te permite comprar muchas vidas distintas.
Se acerca la feria del libro. Ante nosotros se expondrán, seductores, no
solo los que acaba de publicar uno de nuestros autores favoritos, sino
preciosas ediciones especiales de las obras de aquellos que nos dejaron,
tentándonos a volver a leer sus relatos, novelas o poemas, deleitándonos con
la estética.


Somos como buscadores de oro en un río, ante el muestrario de la
caseta. Cogemos uno, lo sentimos, lo miramos, leemos un poco y lo dejamos
hasta encontrar la joya que vamos a llevarnos. Nuestros cerebros empiezan a
generar adrenalina y aunque nos seducen muchos, cuando por fin elegimos, en
nuestro interior aparece Gollum diciendo: “Es mío, mi tesoro”.


Allí fingiremos educación con nuestros libreros y como no, con las
autoras y autores a quienes les pediremos la firma, mientras que, por dentro,
desearíamos coger todos los libros que nos interesan y salir corriendo.
Y mientras un derroche de colores nos atrae hacia una y otra caseta, a
nosotros, los que tenemos la adicción de comprar, tristemente, el límite lo
pondrá nuestra cuenta bancaria, esa a la que siempre rascamos un poquito
más porque, reconozcámoslo abiertamente, como decía al principio, lo nuestro
es un vicio.