Reseña de Desplazar la luna. Mi noche en el Museo de la Acrópolis, de Andrea Marcolongo, publicado por la editorial Taurus.
30 de julio de 2025 / CURRO GARCÍA ENTRAMBASAGUAS / Desplazar la luna / Libro del club de lectura de ensayo de verano y encuentro con la autora
El título del libro hace referencia a la descripción que hizo un arqueólogo sobre los hechos que se narran en el mismo: el expolio de los mármoles de la Acrópolis por parte del embajador británico Lord Elgin y su comitiva, a principios del siglo XIX. En pocas palabras queda patente el impacto de lo sucedido. La luna fue desplazada (de su órbita) porque alguien muy atrevido, con ansias de heroísmo, quería quedársela, regalársela a los suyos y dejar un legado imborrable. Como consecuencia, un pueblo entero se quedó sin luna y aún sigue esperando a que se la devuelvan.
Hace poco tuvo lugar en la librería un club de lectura sobre el libro, en el que tuvimos la suerte de contar con la presencia de la autora. Al comienzo del mismo, ella se refería a la Acrópolis, precisamente, como la luna de Atenas: siempre visible, siempre presidiendo la ciudad y siempre fijando la mirada de todos los visitantes. La luna siempre ha sido una imagen que invita a soñar, algo deseable y, al mismo tiempo, inalcanzable. Cuando a Andrea le propusieron pasar una noche en un museo, sabía perfectamente cuál iba a elegir; ella tenía claro dónde estaba su luna. Hay un pasaje del libro en el que afirma que no sabe qué le quedaría si le quitaran lo griego que tiene, todo aquello a lo que ha elegido pertenecer. Este libro transcurre en esa noche tan peculiar pero, sobre todo, es una historia de robos, apropiaciones y pertenencias, siendo, posiblemente y en muchos casos, lo mismo. En esta ocasión, aquello que se roba, se apropia o a lo que se pertenece es Grecia, empezando por sus preciosos mármoles.
Andrea se muestra en su escritura tal y como pudo sentirse durante esa noche de soledad y oscuridad que pasó en el Museo de la Acrópolis. No duda en hablar sobre sus inseguridades, sus dudas o la extraña atracción que le genera la figura de ese enemigo de la cultura que ha elegido amar. Se trata de Lord Elgin, un personaje condenado por la Historia, «maldito», pues sobre él pesa La Maldición de Minerva, un poema que le dedicó Lord Byron, en el que denuncia sus actos y con el que consigue sumar a su condena a gran parte de los compatriotas que comparte con el embajador, e inaugurar una corriente filohelénica en Europa. Él es el causante de aquello que más llama la atención en el museo: la ausencia, que destaca, principalmente, en la última planta dedicada al Partenón. Allí es donde acampará Andrea esa noche tan extraña, acompañada por la biografía de aquel hombre maldito y dispuesta a explicar el origen de tanta ausencia.
Sobre toda la historia sobrevuela la idea de la Grecia clásica como un mito contemporáneo, algo que el propio Lord Elgin quería reclamar para sí e incorporar a su sociedad para hacerla prosperar en muchos sentidos. Algo que acabó sucediendo cuando en las ciudades británicas comenzaron a surgir numerosos edificios de aspecto neoclásico. Pero no se trata de algo meramente estético, lo que quería llevarse el propio embajador, lo que iban a buscar los viajeros como Lord Byron que escribían su nombre en las columnas de los templos, eran un conjunto de ideas que forman ese concepto de mundo clásico.
Andrea nos habla de la carga que tienen los griegos debido a su pasado, la época dorada de la Historia, el origen de las grandes ideas, de las obras de arte más bellas, de los mejores y más geniales hombres y de todo aquello que, desde los romanos, numerosas culturas han querido imitar o, directamente, apropiarse. Esa carga del pueblo griego, por extensión, la tiene todo aquel cuya herencia sea también la Grecia clásica. Hoy en día no se suele dudar de que es en ella donde tiene su origen la gran Historia de Occidente, todo forma parte de la misma línea, desde Parménides a Julio César, a Dante o Shakespeare, hasta nuestros días.
De alguna forma, con este libro, con esa noche en el museo y esa historia que rememora, Andrea pretende participar en el saldo de la deuda con Grecia. Por un lado, y de forma más clara, está la deuda que tiene Reino Unido con Atenas por el robo de los mármoles. Sin embargo, aunque ese sea el robo mayor, no es el único. Por otro lado, ella, como italiana, reconoce que ha elegido la cultura griega y que así han hecho muchos, pues no es la única que ha elegido pertenecer a Grecia o que esta le pertenezca a ella. Por último, existe otra deuda en torno al uso de esta idea de la Grecia clásica, un uso político, delimitante de todo aquello que esta parte del mundo ha elegido ser y sobre lo que ha querido construir su historia, dejando fuera de la misma a otra parte que también podría reclamarlo o cuyo legado cultural se menosprecia en favor de este que tenemos, tan superior e inalcanzable.
Es por esto último que, principalmente, se trata de un libro de redención. Se narra un crimen porque todavía no se ha compensado a las víctimas y es necesario seguir contándolo hasta que se consiga. Y, también, porque es necesario seguir planteándonos si ese crimen no es solo el más patente, como lo es la ausencia en el Museo de la Acrópolis, pero hay otros que no lo son tanto. Si es algo de lo que todos participamos y Lord Elgin es solo el chivo expiatorio, pues como ella dice: «podría haber sido cualquiera» y, por tanto, todos estamos en deuda.
Autora: Andrea Marcolongo. Título: Desplazar la luna. Editorial: Taurus. Fecha de publicación: 25/04/2024.

