Reseña de Jose Díaz Muñoz
Clásico, ca Dicho de un autor o de una obra: Que se tiene por modelo digno de imitación en cualquier arte o ciencia.
Diccionario de lengua española – Real Academia Española
Cuando estamos saturados mental y/o físicamente, nos encontramos en una situación incómoda de la que queremos salir cuanto antes. Para ello, intentamos revertir la situación con la ayuda de una serie, una película o una buena lectura.
Es entonces cuando nos embarcamos en una apática búsqueda, donde zapeamos decenas de veces nuestro televisor o revisamos metros y metros de estanterías a tal fin. Pero, siendo sinceros, en muchas ocasiones terminamos frustrados al no dar con la solución a nuestra falta de energía y acabamos molestos por la enorme pérdida de tiempo que esto nos ha supuesto.
La solución a esta fatiga está sin duda en los clásicos, aquellas obras que te involucran en sus historias con la lectura de un solo párrafo o la visión de una sola escena.
En esta ocasión, Arturo Pérez-Reverte acude a las sempiternas historias detectivescas para destacar de manera sublime en el auge actual de las novelas policíacas, muchas de ellas con un patrón totalmente definido por «lo que funciona» comercialmente, para llevar al lector fuera de párrafos triviales y acercándolos a la lectura de calidad que permanece constante en el tiempo.
De este modo, con El problema final, el autor consigue involucrarnos en las tramas de intrigas propias de Agatha Christie o Arthur Conan Doyle. De hecho, será el Sherlock Holmes del autor británico, encarnado en el actor que decenas de veces lo interpretó en la pequeña y gran pantalla, el protagonista de nuestra novela en cuestión. Y es así como Pérez-Reverte, a través de Basil Rathbone, crea una excelente atmósfera que nos retrotrae a las memorables historias de crímenes en zonas acotadas por la geografía o el clima. Esta novela de asesinatos de salón con número reducido de personajes, se intensifica de forma sobresaliente al ser el propio Rathbone el elegido para resolver cada uno de los casos, tan solo por la afinidad a su personaje y con la sola experiencia de sus interpretaciones.
Esta novela es un grito de vuelta a lectura de antaño que perdurará siempre. Y es que los clásicos son clásicos por algo.
Empieza a leer El problema final



