Curro recomienda… ‘Las cosas’, de George Perec

Reseña de Curro García Entrambasaguas

Esta novela de Georges Perec se titula Las Cosas y, obviamente, de eso trata aunque se narre una historia de una pareja durante varios años, se nos cuente sus vidas desde antes de conocerse hasta conocerse, irse a vivir juntos, mudarse y asistamos a una sucesión de sus momentos principales. Pues hay capítulos en la novela en los que parece que realmente son las cosas las que guían la narración, que la historia se cuenta a través de ellas, a través de la descripción detallada de los elementos del entorno o de cualquier otro repertorio de objetos presentes o futuros, de la enumeración de cada una de las cosas en las largas listas que hace Georges Perec, un gran experto en dicho recurso. No solo el relato se conduce a través de las cosas: también lo hacen las vidas de sus protagonistas, una pareja de jóvenes parisinos recién entrados en la vida adulta del momento. Las cosas, las que tienen, pero mucho más las que esperan tener, son lo que explica sus vidas, esa otra narración no formal; y también lo que les mueve, sus grandes esperanzas, ese «frenesí de tener». Y no solo la de ellos: también la de su entorno, la de sus amigos y conocidos y, así, también del mundo que surge en la novela.

Perec te muestra una realidad tan patética como obvia de la que te olvidas rápidamente de su componente crítico y te adaptas a su lógica interna, como se hacía entonces en su sociedad del bienestar de la clase media francesa de los años sesenta, como se hace hoy día. Tal y como ocurre con los protagonistas, tomar conciencia de lo que sucede en el fondo no evita que siga sucediendo. Pues no es tanto que nosotros funcionemos de esa forma, que los protagonistas de la novela funcionen de esa forma, sino que el mundo funciona así: los estudios, el trabajo, las relaciones, las aficiones, la cultura, las diversiones, las preocupaciones, los proyectos vitales. De lo que se habla no es de dos individuos, sino del mundo, de aquella sociedad, en la que la prosperidad, sus grandes beneficios, sus catálogos de facilidades dejan debajo un «desierto», un vacío que no es que las cosas no llenen, sino que es la necesidad de búsqueda frenética de tener cosas lo que lo provoca.